António Lobo Antunes- El orden natural de las cosas

“No entiendo por qué motivo, querida, nunca te interesaste por mi infancia: siempre que hablo de mí encoges los hombros, se te tuerce la boca, los párpados se estiran desdeñosos, arrugas mordaces asoman detrás del flequillo de pelo rubio, de modo que acabo callándome, avergonzado, pongo los vasos, los platos y los cubiertos en la mesa para comer, mientras tu tía tose en la despensa y tu padre mueve los botones del televisor en busca de las estridencias del serial. Y no obstante, lolanda, en cuanto te duermes, apenas tu rostro, hundido en la almohada, recupera la inocencia del pesebre de otrora, tal como te vi, por primera vez, en la pastelería de la esquina del Instituto, cuando tus dedos sucios de tinta y tus cuadernos escolares me conmovieron con una alegría sin sentido,
en cuanto te duermes y una blancura de olmos con pájaros atraviesa nuestra habitación, hablo sin que te burles de mí, converso, cerniéndome sobre ti, con tus palmas inertes y tus muslos indefensos, y la casa donde viví antes de conocer a la familia de mi madre surge de la noche, nacida de una imperfección del espejo o del cajón de la cómoda en el que nuestra ropa se entremezcla con nidos de polillas y asas de cobre, desde que hace meses me ordenaste Ven y yo me presenté, con el paraguas y dos maletas raídas, en este pisito de la Quinta do Jacinto, en Alcántara, para explicar que sí, que tenía treinta y un años más que tú pero el empleo del Estado, Señor Oliveira, no está mal del todo, y claro que pagaría la luz, el alquiler y la cuenta del agua.
Oye, mi amor. Tal vez me comprendas en tu sueño, tal vez tu cuerpo se libere de la ironía para conmigo y me quiera ”…………………………….



