lunes, agosto 22, 2005

António Lobo Antunes- El orden natural de las cosas


“No entiendo por qué motivo, querida, nunca te inte­resaste por mi infancia: siempre que hablo de mí enco­ges los hombros, se te tuerce la boca, los párpados se estiran desdeñosos, arrugas mordaces asoman detrás del flequillo de pelo rubio, de modo que acabo callándo­me, avergonzado, pongo los vasos, los platos y los cu­biertos en la mesa para comer, mientras tu tía tose en la despensa y tu padre mueve los botones del televisor en busca de las estridencias del serial. Y no obstante, lolanda, en cuanto te duermes, apenas tu rostro, hundido en la almohada, recupera la inocencia del pesebre de otro­ra, tal como te vi, por primera vez, en la pastelería de la esquina del Instituto, cuando tus dedos sucios de tinta y tus cuadernos escolares me conmovieron con una ale­gría sin sentido,
en cuanto te duermes y una blancura de olmos con pájaros atraviesa nuestra habitación, hablo sin que te burles de mí, converso, cerniéndome sobre ti, con tus palmas inertes y tus muslos indefensos, y la casa donde viví antes de conocer a la familia de mi madre surge de la noche, nacida de una imperfección del espejo o del cajón de la cómoda en el que nuestra ropa se entremez­cla con nidos de polillas y asas de cobre, desde que ha­ce meses me ordenaste Ven y yo me presenté, con el pa­raguas y dos maletas raídas, en este pisito de la Quinta do Jacinto, en Alcántara, para explicar que sí, que tenía treinta y un años más que tú pero el empleo del Estado, Señor Oliveira, no está mal del todo, y claro que pagaría la luz, el alquiler y la cuenta del agua.
Oye, mi amor. Tal vez me comprendas en tu sueño, tal vez tu cuerpo se libere de la ironía para conmigo y me quiera ”…………………………….

domingo, agosto 21, 2005

Sputnik, mi amor- Haruki Murakami


—Tengo la cabeza atiborrada de cosas que quiero escri­bir. Como un granero atestado de cualquier manera —me dijo Sumire-. Imágenes, escenas, retazos de palabras, figu­ras humanas... Están llenos de vida dentro de mi cabeza, lanzando destellos cegadores. Y oigo cómo gritan: «¡Escri­be!». Pienso que de ahí tendría que surgir una gran historia. Tengo la impresión de que van a conducirme a algún lugar nuevo. Pero, llegado el momento, cuando me siento frente a la mesa e intento traducirlos en palabras, me doy cuenta de que se pierde algo vital. El cuarzo no cristaliza, todo queda en pedruscos. Y yo no llego a ninguna parte.
Sumire hizo una mueca, recogió la piedrecilla número doscientos cincuenta y la arrojó al estanque.
—Quizá, de base, me falte algo. Algo imprescindible que debe de tener todo escritor.
Cayó en un profundo silencio. Al parecer, me estaba pi­diendo una de las vulgares opiniones que solía darle.

martes, agosto 09, 2005

Lobo Antunes


¨ Escribir es como drogarse, se empieza por puro placer, y acabas organizando tu vida como los drogados, en torno a tu vicio. Y ésa es mi vida. Hasta cuando sufro lo vivo como un desdoblamiento: el hombre está sufriendo, y el escritor está pensando en cómo aprovechar este sufrimiento para su trabajo.¨

sábado, agosto 06, 2005

EL MAL DE MONTANO


ES LA NOVELA QUE ESTOY LEYENDO. ME HAN DICHO YA QUE NO ES LA MEJOR DE VILA-MATAS PERO QUE PARA UN PRIMER ACERCAMIENTO ES TOTALMENTE RECOMENDABLE, VALE ENTERAMENTE LA PENA. SEDUCE EL HECHO DE VERSE ATRAPADO EN UNA ENFERMEDAD SIMILAR. MÁS TAL VEZ ESTAR PREDISPUESTO A PENSARLO TODO EN LITERATURA Y TRANSITAR OBSESIONADO. RECOMENDABLE EL LIBRO.